Mood (again)

(Hace cuatro años)

Cual Carrie Bradshaw en “Sexo en Nueva York: La película” (la primera), ya en el hotel de México cuando ni sus amigas ni las cámaras miraban, me encuentro escribiendo lo que se me pasa por la cabeza. La diferencia principal es que yo no estoy en un hotel de México, donde puedo cerrar las ventanas que dan a un mar maravilloso, ni en una habitación donde puedo encerrarme todas las horas de mundo a dormir mi puta cabeza. El caso es que estoy Aquí, donde no puedo cerrar la luz, donde lo que hay al otro lado son putos críos que chillan y el trenecito chu-chu de las narices que pasa cada tanto anunciándome que ahí va montada gente incomprensiblemente feliz.

El caso es que he estado pensando en cómo sería el mundo ideal. El mundo ideal sería aquel en el que cada uno pudiera saciar las inquietudes de su vida. Por ejemplo, alguien que piense que puede atravesar paredes podría pasarse su existencia delante del muro del monumento que más le gustara del mundo (véase su casa, véase… alguno de esos famosos), andando como lo hacen los personajes de videojuegos cuando se topan con una pared.

O alguien a quién le gustara bajar las cuestas en bici. Este es un supuesto que me gusta especialmente. Que le crearan una pendiente lo suficientemente larga y alta, hasta más arriba del cielo, donde poder subirse a la bici y soltar pedales, y para abajo para abajo sabiendo que no hay fin. Que no lo hay. Que cuando quiera podrá descansar o saciarse de lo que sea, porque en la cuesta hay de todo cada X metros, porque habrá tiendas y médicos y de todo cuyo deseo en esta vida es estar en una cuesta larga y alta que no tiene fin proveyendo a quien quiere pasarse la vida bajando una cuesta larga e inclinada montado en una bici.

A mí no me importaría estar en esa cuesta. Como el tío o tía de la bici iría más rápido que yo, supongo que no le importará que la utilice yo también. En mi caso corriendo, ¿sabes? esas veces que corres en una cuesta y la ley de la gravedad intenta tirarte pero tus huesos son más fuertes, y lo que haces es correr y correr por ella siendo consciente de que no puedes parar, y te entra la risa tonta sabiendo que en una de esas vas a dar un traspiés y te vas a dejar los dientes y el talón en el suelo, pero da lo mismo, porque mola. Mola porque en la cuesta el clima es perfecto; y el viento perfecto me despeina porque hoy no es que no me importe, es que no quiero estar peinada. Y grito y grito y grito corriendo, y aunque sienta que me falta el aliento juraré que quiero gritar más porque así lo siento.

Pero como el mundo no es perfecto, supongo que lo único que puedo hacer hoy, es otra cosa.

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